La antigua cama de hierro en un ángulo indefinido del recinto. Sobre la mesa de luz, pequeña y gastada, una virgen de yeso portando un rosario como emblema de santidad.
Detrás, la ventana de madera color verde, postigos ciegos, cielo y verde en lugar de vidrios, ausencia de cortinas, roperos gastados.
Todo en orden.
El ramo seco, grito detenido, tiempo olvidado de protagonismo.
Los vestidos allí, tan quietos, fantasmales. El baúl que habitan ahora las polillas.
Y en el centro descentrado de la alcoba oscura, el sillón hamaca...
y un vaivén de inercia entre pasado y presente.***
mao.