Era toda una fiesta esperarla...
Muchas veces le pregunté a mi madre qué significaba para ella la amistad. Acostumbrada a mis amigas, pocas, parlanchinas, confidentes, me parecía raro lo que ella describía.
A media mañana corría al paraisal, subida a una rama oteaba el horizonte. Más allá del tajamar la vería acercarse, con su sombrero ancho y el vestido floreado. Jóvenes, muy jovencitas.
¿Y qué hacían mami? -quería saber- ...nunca me detalló demasiado, sólo que charlaban de "cosas de chicas", juntaban locitas debajo de los árboles, hablaban de la escuela, de las próximas reuniones familiares, quizá de amores ocultos e ilusiones varias. Nené era dos años mayor, pronto dejó la escuela y luego se puso de novia.
La mejor amiga se marchó a otro lugar con su esposo. Tuvieron hijos y en tanto mi madre también se casó con mi padre.
Y la vida fue pasando. Después de muchos años Nené enviudó y compró una casa en el pueblo. Mami también ya era viuda. Se reencontraron. Cuando la conocí le pregunté a mami: ¿qué clase de amistad tenían antes?, y otra vez volvió a decirme, sin demasiadas precisiones que se apreciaban, les gustaba jugar y charlar juntas, que se sentían cómodas y felices.
.....
Creo, no se precisamente, que traté a Nené en el cumpleaños 72 de mi madre. Ella no la había invitado -a mami no le gustaban las reuniones, salvo con nosotros- pero su amiga vino igual, con su hermana Negrita. Siempre me intrigaría cómo había sido aquella amistad...
Intercambié algunas palabras con ella, no se parecía en nada a mi madre, diría que eran disimiles y opuestas. Su amiga sociable, de fuerte carácter, de palabras esgrimidas como dagas. Mami, en cambio, era poco dada a proferir heridas (quizá porque las había recibido en demasía), hablaba suavemente, con finos rasgos de humor, propensa a traer postales del pasado y afirmarse en lo actual con nosotros, sus hijos y sus dos nietos.
Las lajitas -pensé- qué significarían para ellas hoy esos trocitos brillantes de vajilla rota.
Han pasado los años. Mi madre y Nené dejaron de verse.
Con el tiempo las diferencias se hicieron manifiestas.
El único hijo de la amiga de mi madre se la llevó a La Plata, con ellos.
Mami partió, dejándome tan infinitamente sola con mis recuerdos, que en parte eran suyos.
...........
Hoy el pequeño reducto de mis abuelos está en venta. Sólo vive mi madrina, la única sobreviviente de esa familia de diez hermanos y tantas cosas compartidas. El tiempo se lleva consigo nuestras risas y lágrimas...y deja páginas en sepia para que los que aún transitamos los senderos de la vida las colmemos de palabras, palabras que relatan, relatos que rearman historias, anécdotas, rostros, fiestas, bailes, siembras y cosechas...
Y así puedo verlas aún, aunque yo no existía por entonces.
.................................................................................................Fui hace un tiempo a la vieja casa de mis abuelos. Cada objeto traía los momentos compartidos. Recorrí parte de la antigua arboleda, mis ojos buscaban las pequeñas locitas de los platos y tazones rotos...y las hallé.****
Muchas veces le pregunté a mi madre qué significaba para ella la amistad. Acostumbrada a mis amigas, pocas, parlanchinas, confidentes, me parecía raro lo que ella describía.
A media mañana corría al paraisal, subida a una rama oteaba el horizonte. Más allá del tajamar la vería acercarse, con su sombrero ancho y el vestido floreado. Jóvenes, muy jovencitas.
¿Y qué hacían mami? -quería saber- ...nunca me detalló demasiado, sólo que charlaban de "cosas de chicas", juntaban locitas debajo de los árboles, hablaban de la escuela, de las próximas reuniones familiares, quizá de amores ocultos e ilusiones varias. Nené era dos años mayor, pronto dejó la escuela y luego se puso de novia.
La mejor amiga se marchó a otro lugar con su esposo. Tuvieron hijos y en tanto mi madre también se casó con mi padre.
Y la vida fue pasando. Después de muchos años Nené enviudó y compró una casa en el pueblo. Mami también ya era viuda. Se reencontraron. Cuando la conocí le pregunté a mami: ¿qué clase de amistad tenían antes?, y otra vez volvió a decirme, sin demasiadas precisiones que se apreciaban, les gustaba jugar y charlar juntas, que se sentían cómodas y felices.
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Creo, no se precisamente, que traté a Nené en el cumpleaños 72 de mi madre. Ella no la había invitado -a mami no le gustaban las reuniones, salvo con nosotros- pero su amiga vino igual, con su hermana Negrita. Siempre me intrigaría cómo había sido aquella amistad...
Intercambié algunas palabras con ella, no se parecía en nada a mi madre, diría que eran disimiles y opuestas. Su amiga sociable, de fuerte carácter, de palabras esgrimidas como dagas. Mami, en cambio, era poco dada a proferir heridas (quizá porque las había recibido en demasía), hablaba suavemente, con finos rasgos de humor, propensa a traer postales del pasado y afirmarse en lo actual con nosotros, sus hijos y sus dos nietos.
Las lajitas -pensé- qué significarían para ellas hoy esos trocitos brillantes de vajilla rota.
Han pasado los años. Mi madre y Nené dejaron de verse.
Con el tiempo las diferencias se hicieron manifiestas.
El único hijo de la amiga de mi madre se la llevó a La Plata, con ellos.
Mami partió, dejándome tan infinitamente sola con mis recuerdos, que en parte eran suyos.
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Hoy el pequeño reducto de mis abuelos está en venta. Sólo vive mi madrina, la única sobreviviente de esa familia de diez hermanos y tantas cosas compartidas. El tiempo se lleva consigo nuestras risas y lágrimas...y deja páginas en sepia para que los que aún transitamos los senderos de la vida las colmemos de palabras, palabras que relatan, relatos que rearman historias, anécdotas, rostros, fiestas, bailes, siembras y cosechas...
Y así puedo verlas aún, aunque yo no existía por entonces.
.................................................................................................Fui hace un tiempo a la vieja casa de mis abuelos. Cada objeto traía los momentos compartidos. Recorrí parte de la antigua arboleda, mis ojos buscaban las pequeñas locitas de los platos y tazones rotos...y las hallé.****
