"Última partida."

"Última partida."
Alguna vez...lo será...

"Bajo muchos soles."

"Bajo muchos soles."
Radiante, vestida de seda.

viernes, 17 de julio de 2020

Nené, la mejor amiga.

   Era toda una fiesta esperarla...
Muchas veces le pregunté a mi madre qué significaba para ella la amistad. Acostumbrada a mis amigas, pocas, parlanchinas, confidentes, me parecía raro lo que ella describía.
A media mañana corría al paraisal, subida a una rama oteaba el horizonte. Más allá del tajamar la vería acercarse, con su sombrero ancho y el vestido floreado. Jóvenes, muy jovencitas.
¿Y qué hacían mami? -quería saber- ...nunca me detalló demasiado, sólo que charlaban de "cosas de chicas", juntaban locitas debajo de los árboles, hablaban de la escuela, de las próximas reuniones familiares, quizá de amores ocultos e ilusiones varias. Nené era dos años mayor, pronto dejó la escuela y luego se puso de novia.
La mejor amiga se marchó a otro lugar con su esposo. Tuvieron hijos y en tanto mi madre también se casó con mi padre.
Y la vida fue pasando. Después de muchos años Nené enviudó y compró una casa en el pueblo. Mami también ya era viuda. Se reencontraron. Cuando la conocí le pregunté a mami: ¿qué clase de amistad tenían antes?, y otra vez volvió a decirme, sin demasiadas precisiones que se apreciaban, les gustaba jugar y charlar juntas, que se sentían cómodas y felices.
                                            .....

Creo, no se precisamente, que traté a Nené en el cumpleaños 72 de mi madre. Ella no la había invitado -a mami no le gustaban las reuniones, salvo con nosotros- pero su amiga vino igual, con su hermana Negrita. Siempre me intrigaría cómo había sido aquella amistad... 
Intercambié algunas palabras con ella, no se parecía en nada a mi madre, diría que eran disimiles y opuestas. Su amiga sociable, de fuerte carácter, de palabras esgrimidas como dagas. Mami, en cambio, era poco dada a proferir heridas (quizá porque las había recibido en demasía), hablaba suavemente, con finos rasgos de humor, propensa a traer postales del pasado y afirmarse en lo actual con nosotros, sus hijos y sus dos nietos.
Las lajitas -pensé- qué significarían para ellas hoy esos trocitos brillantes de vajilla rota.
Han pasado los años. Mi madre y Nené dejaron de verse. 
Con el tiempo las diferencias se hicieron manifiestas.
El único hijo de la amiga de mi madre se la llevó a La Plata, con ellos. 
Mami partió, dejándome tan infinitamente sola con mis recuerdos, que en parte eran suyos.
                                      ...........
Hoy el pequeño reducto de mis abuelos está en venta. Sólo vive mi madrina, la única sobreviviente de esa familia de diez hermanos y tantas cosas compartidas. El tiempo se lleva consigo nuestras risas y lágrimas...y deja páginas en sepia para que los que aún transitamos los senderos de la vida las colmemos de palabras, palabras que relatan, relatos que rearman historias, anécdotas, rostros, fiestas, bailes, siembras y cosechas...
Y así puedo verlas aún, aunque yo no existía por entonces.
.................................................................................................Fui hace un tiempo a la vieja casa de mis abuelos. Cada objeto traía los momentos compartidos. Recorrí parte de la antigua arboleda, mis ojos buscaban las pequeñas locitas de los platos y tazones rotos...y las hallé.**** 


martes, 21 de abril de 2020

Mami me contaba...

que a ella le encantaba ir a la escuela, y aunque fue poco tiempo, disfrutó de la compañía de sus amiguitas y de sus hermanos,los más grandes y algunos más pequeños. Ella sufría de asma, cuando esa enfermedad aún no contaba con tratamientos efectivos, muchas veces quedaba atrás, sentadita entre los pastos, casi sin poder respirar...entonces -decía- "la Tita se volvía y me levantaba", y así, sostenida por ella, regresaba a la casa.   
   Pero cuando la salud era buena el viaje hasta la escuela era todo un jolgorio, un permanente descubrir nuevas cosas, sobre todo los pequeños grandes milagros de la naturaleza...
   Recuerdo su descripción de los caminitos que, empeñosamente, abrían las hormigas. Con curiosidad ella seguía el trayecto, observaba sus cargas, cómo se movían, la llegada a los hormigueros. Atravesando las chacras de los vecinos, muchos de ellos pertenecientes a la parentela, como el campo de tío Pastor y tía Justina, lo de tío Quico y tía Ercilia, los Bren, los Pralong, los Lugrín, tantas familias amigas, con cantidad de niños y niñas, amigos de la infancia y adolescencia.
   La adolescencia, claro, no era por entonces lo que es ahora, ni siquiera se parecía a la mía. Mi madre y sus hermanos eran muy unidos, cinco varones, cinco mujeres. Dividían las tareas, todos ayudaban, había pobreza pero no miseria. Las frutas y verduras eran abundantes, no existían los pesticidas, pero si las mangas de langosta.¡Me maravillaban las imágenes que ella describía!!!
Dice que, de pronto, el cielo se oscurecía. Entonces todos, grandes y chicos, todas las familias salían con objetos y bolsas, tratando de ahuyentar a la manga...tarea ímproba, desesperada. Una vez que la manga se posaba sobre los cultivos no quedaba nada, sólo el dolor inmenso de haberlo perdido todo. Y había que recomenzar. 
   Muchas veces dormía casi sentada. A raíz de su asma le quedó una sensación de claustrofobia que la acompañó hasta el final de sus días. Siempre me decía: "Fijate si quedó abierta la ventana...", la sola idea de que todo estuviese cerrado la angustiaba.
   Las fiestas familiares eran alegres, con cantos y bailes. Por lo general se reunían en la casa paterna de Lucila, mi abuela, su madre. Allí vivía aún la bisabuela Francisca, inmigrante de los Alpes Suizo/Franceses, que aún hablaba en patoi algunas veces, entre risas de los nietos, que nada comprendían. El tío Quico tocaba el acordeón como los dioses, y todos bailaban en el patio de tierra, barrido hasta el cansancio por las primas, junto al galpón que aún hoy sigue en pie. Siempre me hacía reír mami cuando me contaba que el tío solía decirles: "¡bailen muchachos, bailen, que la música los lleva!". Años más tarde moriría tocando su amada acordeón, recordaba con tristeza...
   Y son tantas las historias que ella me contó, no se si podré reproducirlas a todas, ni cual será la exacta fidelidad de mi relato.

   Este es sólo el primer intento, quiero homenajear a mi madre recordando su vida, no quiero que se pierda su existencia en los abismos de la desmemoria.
   Ella sufrió la pérdida de su memoria cercana los últimos de su vida, tenía una memoria prodigiosa, admirable, una gran capacidad para el relato, para contar cuentos, un gran sentido del humor.
   Van en estas primeras líneas todo mi amor, mi reconocimiento, mi agradecimiento.


                        Te quiero mami, y no te olvido.
Y en su mágica risa anidaban ilusiones...

domingo, 23 de abril de 2017

Des-memoria.

Ella se sentó en la cama y miró...¿dónde estaba? Aquella no era su casa...o si, no podía asegurarlo.
Llamó a su hermana con insistencia, sólo el silencio le respondió. Después un rostro desconocido se acercó, le sonrió con pena...¿era eso?, le dijo que ya vendría, que otro día, que tal vez...
Luego la rutina diaria, que aunque rutina no era suya, no le pertenecía, lo peor era no saber, ni siquiera sabía bien quién era, ni qué hacía allí.
Por el ventanal asomó la mañana, tímidamente.
En el salón una mesa larga aguardó, en silencio.
No escuchó las risas, ni las voces familiares, siguió pensando que era un error, un sueño quizá. Pero pronto lo olvidó.
La muchacha de la sonrisa tenue la acompañaba en su lenta caminata.
Frente a sus ojos se extendió una fila extensa de tazas de plástico y platillos también.
No sintió el aroma de la leche recién ordeñada, ni del pan horneado, ni del membrillo.
Tomó conciencia efímera de su dificultad para sentarse, entredientes culpó su cintura, que mal estaba.
Luego la leche apenas tibia llegó a su taza. También el pan.
Entonces vislumbró con sorpresa que no estaba sola. Una a una miró sus caras. ¿Qué hacían allí todas esas viejas mujeres? Ella no había invitado a nadie a su casa. ¿Por qué invadían así su paz cotidiana?
Las echó a todas, qué se pensaban...?
Tomó su leche, casi fría.
Acarició suavemente el babero de tela de toalla.
¿Y Usted, qué hace aquí? -dijo mirando a su compañera más cercana.
Pero lo olvidó.

Finalmente el reloj marcó las 12.
Ella no lo sabría jamás, cuatro horas exactas habían transcurrido.

Sin título. Obra del artista Gabriel Barbabianca. Barcelona.
Sólo había repasado, una y otra vez, los bordes sinuosos de una pequeña mancha en la pared.***

                                                                                                    texto: mao.



martes, 20 de diciembre de 2016

De su paso...

   Se alejó, en el breve espacio que las separaba se extendió un manto de piedad infinita. Sus ojos nublados guardaban historias, ahora olvidadas.
Ella recordó los dulces caseros, la ropa almidonada, los rosales y gladiolos de la infancia.
La bomba de agua, el balde blanco, los cuadernos y libros de la primaria, el Bram Metal lustrado cual espejo, los muebles antiguos, el mantel de hule, los ramos de flores, los fardos de paja, la huerta abundante, los tensos mediodías, el padre en la mesa, los delantales blancos...
Sólo eran eso...recuerdos...espuma en la brisa, caricias de la nada.
Pero estaba allí, aún estaba.
La vio incorporarse, la espalda doblada, los pies inseguros, la vida...pesándole.
Y un dolor profundo, de herida incurable, la envolvió despacio, como abrazándola.-

sábado, 24 de septiembre de 2016

...nada queda, todo pasa...

   La antigua cama de hierro en un ángulo indefinido del recinto. Sobre la mesa de luz, pequeña y gastada, una virgen de yeso portando un rosario como emblema de santidad.
Detrás, la ventana de madera color verde, postigos ciegos, cielo y verde en lugar de vidrios, ausencia de cortinas, roperos gastados.
Todo en orden.
El ramo seco, grito detenido, tiempo olvidado de protagonismo. 
Los vestidos allí, tan quietos, fantasmales. El baúl que habitan ahora las polillas.
Y en el centro descentrado de la alcoba oscura, el sillón hamaca...
y un vaivén de inercia entre pasado y presente.***
                                                                                           mao.

jueves, 11 de agosto de 2016

"Destellos."

   Era un pasillo tan estrecho, tan oscuro...sin embargo, aunque temblando, continuó avanzando.
¿Qué encontraría detrás de aquella puerta? ¿Quién habría escuchado sus pasos inseguros?
Qué más daba...sólo le restaba mirar hacia adelante...e imaginar.